Month: June 2025

Do you eat mindfully but can’t lose weight? Possible reasons

¿Sientes que llevas una alimentación equilibrada, haces ejercicio y aún así no logras ver cambios en tu cuerpo? Esta situación genera una gran frustración en muchas personas y, lejos de ser una cuestión de voluntad o de hacerlo «mejor», puede deberse a causas fisiológicas, hormonales o emocionales más profundas. Como nutricionista, veo a menudo este patrón en consulta: personas comprometidas con su bienestar, pero que sienten que su cuerpo no responde como esperan. Y aquí está la verdad: nuestro cuerpo no funciona como una calculadora de calorías, y hay muchos factores que pueden influir en la pérdida de grasa y qué debemos atender.  1. Hipotiroidismo o desequilibrios hormonales La tiroides regula funciones clave como el metabolismo, la temperatura corporal y la energía. Cuando esta glándula no produce suficientes hormonas tiroideas (hipotiroidismo), el cuerpo reduce su gasto energético, aumenta la retención de líquidos y puede aparecer fatiga, estreñimiento o sensación de frío. Aunque el hipotiroidismo clínico se detecta con análisis específicos (TSH, T3, T4), existe también una disfunción subclínica en la que los valores aún están dentro del rango, pero los síntomas están presentes. En mujeres es especialmente frecuente, y puede estar influido por el estrés, la inflamación y deficiencias nutricionales (como yodo, vitamina D, zinc, selenio o hierro). Si sospechas que puede ser tu caso, es importante revisar con un profesional no solo los valores estándar, sino también los síntomas, deficiencias e historia clínica. 2. Inflamación intestinal y disbiosis Nuestra microbiota intestinal está formada por multitudes de cepas bacterianas con funciones diferentes y con un impacto directo en nuestra salud general. Nuestras bacterias intestinales no solo digieren alimentos y producen nutrientes: también regulan el sistema inmune, producen neurotransmisores y modulan el metabolismo.  Cuando hay una alteración en la microbiota intestinal (disbiosis), las bacterias beneficiosas disminuyen y predominan microorganismos que generan inflamación, gases, mala absorción y permeabilidad intestinal («intestino permeable»). Las causas más frecuentes de disbiosis son: Uso recurrente de antibióticos o antiácidos. Estrés crónico y alteraciones del sistema nervioso. Alimentación pobre en fibra, baja en proteína y rica en ultraprocesados y/o carbohidratos. Consumo excesivo de alcohol. Falta de diversidad en la alimentación (dietas monótonas). Esta situación puede contribuir a la inflamación sistémica de bajo grado, aumentar la resistencia a la insulina, alterar las señales de saciedad y favorecer el almacenamiento de grasa abdominal. Además, puede afectar a tu estado de ánimo, ya que gran parte de la serotonina se produce en el intestino. 3. Estrés crónico y trastornos de ansiedad El estrés no solo te afecta a nivel mental: es un estado fisiológico complejo, regulado principalmente por el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS). Cuando vives en un estado de alerta constante, tu cuerpo segrega más cortisol, una hormona que puede: elevar la glucosa en sangre y por ende la insulina favoreciendo la acumulación de grasa (especialmente en la zona abdominal); reducir la calidad del sueño y afectar al apetito. El estrés sostenido afecta también a la tiroides, disminuye la secreción de hormonas sexuales, altera el ciclo menstrual y debilita el sistema inmune. Además, modifica el equilibrio de la microbiota intestinal, dificultando la digestión, la absorción de nutrientes y el metabolismo general. Muchas personas con trastornos de ansiedad viven en un estado permanente de estrés, aunque no siempre sean conscientes de ello. Este tipo de ansiedad mantenida puede provocar síntomas físicos como tensión muscular, problemas del sueño, problemas digestivos o fatiga crónica (fatiga mental), que influyen directamente en la dificultad para perder peso. Si a esto le sumamos que muchas personas con ansiedad tienden a calmar esa emoción a través de los alimentos sin escuchar sus señales de hambre y saciedad, el resultado es un círculo vicioso que dificulta la pérdida de peso y aumenta el malestar emocional. 4. Dietas demasiado restrictivas Si has probado mil y una dieta restrictiva como «la dieta de la piña» o «la dieta de la alcachofa» déjame decirte que lo único que has conseguido es probablemente estar mal nutrida, perder líquidos, músculo y grasa que se traduce en una pérdida rápida en la báscula. Aunque parezca irónico, comer demasiado poco puede hacernos engordar a largo plazo. Esto se debe principalmente a que cuando «matamos al cuerpo de hambre», nuestro cuerpo no es capaz de diferenciar una dieta de una hambruna. De esta manera, cuando detecta una ingesta muy baja en energía, activa mecanismos de supervivencia: Disminuye nuestro gasto energético: Imagina que tu cuerpo es como un móvil, si lo cargamos al día solo hasta el 40% es probable que si no encendemos el modo ahorro acabará por apagarse. Nuestro cuerpo hace lo mismo «Bueno, si me das menos calorías, me tocará recortar por algún lado (menor formación de hormonas, proteínas, menor frecuencia cardiaca, etc.).». A largo plazo, esto es un problema ya que lo que conseguimos que nuestro cuerpo necesite menos calorías para funcionar y a nivel social y emocional, comer poco no es precisamente algo factible. Prioriza el almacenamiento de grasa: Imagina ahora tu cuerpo como un viajero perdido en un desierto sin saber cuando volverá a encontrar comida. En lugar de gastar toda la comida que ha encontrado, consume lo mínimo y guarda lo que tiene para más adelante. De la misma forma, tu cuerpo almacena gran parte de la energía que recibe en forma de grasa, que es el combustible más eficiente y duradero.  Además, una dieta muy restrictiva puede producir a largo plazo déficit micronutricionales que pueden acabar afectando a la función tiroidea, cardiaca y hepática. Empeorando en muchos casos el propio metabolismo. También se asocian a un mayor riesgo de atracones, ansiedad con la comida, pérdida de masa muscular y alteración en las señales de hambre y saciedad. Por esta razón, mi enfoque como nutricionista es nutrir al cuerpo sin restringir en exceso ni ser agresivos. Enseñar al cuerpo a confiar de nuevo y salir del modo de alerta constante. No dudes en consultar un profesional de la nutrición si sientes que tu salud y metabolismo están comprometidos. 5. Alimentación saludable pero no adaptada a ti. Es importante entender que para

Read More
en_GBEnglish