¿Has oído hablar de la imagen corporal? No se trata solo de cómo nos vemos físicamente, sino también de cómo nos sentimos con nuestro cuerpo y cómo nos relacionamos con él. Esta relación que desarrollamos con nuestro aspecto puede influir directamente en nuestros resultados a la hora de perder grasa.
Cuando no aceptamos nuestro cuerpo, es decir tenemos pensamientos negativos hacia él como por ejemplo “que fea estoy”, “qué piernas más grandes”, “que mal me queda la ropa”, “que asco de barriga”… ¿te suena? En ese momento entramos en un ciclo de frustración y autocrítica.
Esto genera un estado de estrés constante que, aunque no siempre lo notemos, afecta a nuestro cuerpo a nivel fisiológico. Uno de los efectos principales del estrés es la liberación de cortisol, la hormona del estrés. Cuando esta hormona está presente día sí y día también en cantidades elevadas, nos trae consecuencias que nos dificultan la pérdida de peso:
- Mayor acumulación de grasa, especialmente en la zona abdominal: Esto sucede porque el cortisol promueve el almacenamiento de grasa, y al estar en un estado de estrés constante, nuestro cuerpo tiende a acumular más grasa como una respuesta de supervivencia.
- Aumento del apetito y los antojos: En situaciones de estrés, solemos buscar alimentos ricos en azúcares y grasas, lo que nos lleva a consumir más calorías de las que nuestro cuerpo necesita. Esto genera un ciclo difícil de romper, ya que cuanto más comemos por ansiedad, más difícil se vuelve alcanzar nuestros objetivos de salud.
- Disminución de la calidad del sueño: El estrés también afecta nuestra capacidad para descansar adecuadamente, lo que puede hacer que tengamos menos energía y motivación para mantener un estilo de vida saludable.
- Alteración de nuestro microbiota intestinal: Esas bacterias beneficiosas que están en nuestro pueden verse afectadas por el estrés pudiendo acarrear consecuencias como menor sistema de defensas, alteración del metabolismo, mayor inflamación de bajo grado en nuestro organismo y posibles síntomas digestivos.
En resumen, rechazar nuestra imagen corporal no solo afecta nuestra salud mental, sino que también pone a nuestro cuerpo en un estado de alerta constante, lo que dificulta la pérdida de grasa.
Estrategias para mejorar la relación con tu cuerpo
Si has llegado hasta aquí, sabrás que trabajar en la aceptación de la imagen corporal durante tu camino hacia una vida más saludable es esencial y necesario para reducir el estrés y conseguir tus objetivos. A lo mejor esto te parece imposible porque llevas tiempo con estos pensamientos, pero creeme que poco a poco puede conseguirse. Aquí te dejo algunas estrategias que puedes ir trabajando:
- Replantea la relación con tu cuerpo: En lugar de enfocarte en los aspectos que no te gustan, empieza a valorar lo que tu cuerpo hace por ti cada día. Por ejemplo, tus piernas te permiten moverte, tus brazos te permiten abrazar y tus manos realizar actividades.
- Reduce la autocrítica: Trata de observar cuándo empiezas a ser dura contigo misma. Cuando te des cuenta, sustituye esos pensamientos por otros más amables o neutrales. Por ejemplo, en lugar de decir ‘no me gusta mi abdomen’, puedes decir ‘estoy trabajando para sentirme más fuerte y saludable’.
- Desconéctate de los ideales poco realistas: Las redes sociales y los medios de comunicación a menudo promueven cuerpos irreales y editados. Limita tu exposición a este tipo de contenido y enfócate en seguir cuentas o personas que promuevan una visión más saludable y diversa de los cuerpos.
- Conecta el ejercicio con el placer, no con el castigo: En lugar de hacer ejercicio para compensar lo que has comido, piensa en él como una manera de sentirte bien y cuidar tu cuerpo. Encuentra actividades que disfrutes y que no te hagan sentir que estás ‘pagando’ por lo que comiste.


