¿El pan engorda?
El pan es uno de los alimentos más controvertidos cuando se habla de alimentación y especialmente en objetivos de pérdida de peso. Seguramente has oído frases como: “Si quieres adelgazar, elimina el pan” o “el pan engorda”. Pero, ¿qué hay de cierto en esto? Hoy quiero ayudarte a desmentir este mito con información basada en la ciencia.
El pan no engorda por sí solo
Engordar o perder peso depende del balance energético: es decir, de las calorías que consumes frente a las que gastas en tu día. Ningún alimento, incluido el pan, tiene la capacidad de engordarte por sí mismo. Lo que importa es el contexto general de tu alimentación y estilo de vida.
Por otro lado, si hablamos de «engordar» refiriéndonos a las kcal que tiene por 100g. El pan contiene unas 250-280 kcal por cada 100g, que sí lo comparamos con alimentos grasos (quesos curados, frutos secos o aceite de oliva) o ultraprocesados (papas, bollería, embutido), tiene casi la mitad de kcal.
El problema no es el pan, sino
- Las cantidades: Comer pan en exceso puede desequilibrar tu ingesta calórica diaria. Por ejemplo, si comes pan en todas tus comidas quizás deberías plantearte aumentar la variedad de cereales en tu día como incluir quinoa, arroz, tubérculos como la patata, la yuca o el boniato, pasta o panes procedentes de otros cereales diferentes al trigo como el centeno, la espelta, etc.
- Con qué lo acompañas: Si untas el pan con mantequilla, crema de cacao o embutidos grasos, el aporte calórico será mucho mayor. Esto te mantendrá saciado y evitará que acabes comiendo más kcal de las que necesitas.
¿El pan inflama?
Esta pregunta se escucha cada vez más, y suele venir de personas que han sufrido o sufren alguna patología digestiva debido a un desequilibrio en la microbiota, un estado de estrés crónico, una intolerancia alimentaria, mucosas dañadas u otras causas.
En estos casos, tienen razón al pensar que el pan puede agravar la inflamación. Si existe alguna patología digestiva, el pan, especialmente si contiene gluten, puede resultar problemático, y si hay intolerancia o sensibilidad al gluten, la inflamación puede ser aún mayor.
PERO, si tienes una microbiota sana y tus digestiones son normales, el pan, dentro de una alimentación equilibrada, no es inflamatorio por sí mismo.
Es cierto que los panes de trigo actuales no son como los de antaño. Hoy en día se utilizan harinas muy refinadas que aportan menos nutrientes. Sin embargo, esto no significa que el pan sea dañino en todos los contextos. Dentro de una dieta variada y saludable, el pan no te va a inflamar ni elevará descontroladamente tu azúcar en sangre, especialmente si lo combinas con alimentos ricos en proteínas, grasas saludables y fibra (como frutas), que ralentizan su absorción.
¿El pan es malo para la salud?
Esta afirmación suena alarmista y, sobre todo, es falsa. No existe evidencia científica suficiente que demuestre que el pan tenga efectos negativos sobre la salud.
El problema no es el pan en sí, sino el contexto de nuestra alimentación. Vivimos en un mundo donde nuestra dieta está cada vez más industrializada, y muchas personas consumen pan en exceso junto con otros alimentos procesados y altos en grasas poco saludables. Este hábito puede llevar a un aumento de las calorías diarias consumidas, lo que, a largo plazo, puede desencadenar obesidad y enfermedades asociadas.
De ahí nace el mito de que «el pan es malo» o «el pan engorda». Pero lo cierto es que lo perjudicial no es el pan, sino el conjunto de una alimentación desequilibrada y un estilo de vida poco saludable y sedentaria.
El pan, ya sea de trigo u otros cereales, no es perjudicial para la salud cuando se consume de manera moderada y en el contexto de una dieta equilibrada. Sin embargo, es importante no abusar del trigo. Mi consejo: varía los cereales que consumes. Incluye alternativas como avena, centeno, trigo sarraceno, espelta o maíz en tu alimentación.
¿Por qué? Porque consumir solo trigo en exceso durante largos periodos puede afectar a tu microbiota intestinal, y esto, a su vez, influiría en tu salud general y en tu peso.
En resumen: el pan no es el enemigo. Lo que realmente importa es:
- La calidad del pan: Prioriza panes integrales en tu día a día por su mayor aporte de fibra y nutrientes. Si es previo a ejercicio cardiovascular de alta intensidad de más de una hora (atletismo, ciclismo, remo, etc.), un pan más refinado puede ser una buena opción para obtener energía rápida.
- La cantidad: Consume el pan con moderación, ajustándolo a tus necesidades y sin exceder tu ingesta calórica diaria. Si lo desconoces, consulta con un profesional de la nutrición para que te pueda orientar sobre tus necesidades.
- El contexto de tu dieta: Asegúrate de que el pan forme parte de una alimentación equilibrada y variada, acompañado de otros alimentos saludables como proteínas, grasas saludables y suficientes vegetales.
En definitiva, la clave está en la variedad y la moderación. El pan no tiene que desaparecer de tu vida, siempre y cuando no exista patología digestiva asociada.


